In memorian de Luis Rodríguez Gil

El pasado 1 de octubre ha fallecido nuestro compañero y miembro fundador de la SAE. Luis ha desarrollado toda su carrera en el área de la seguridad aérea, habiendo ocupado los más altos niveles en Aviación Civil española y AESA. Luis ha sido un referente en el sector aéreo europeo, representando a España en los foros internacionales más prestigiosos del sector. Descanse en Paz un referente único de nuestra aeronáutica.

Ingeniero aeronáutico, fue subdirector general del control del transporte aéreo en la Dirección General de Aviación Civil y desde 2008 director de seguridad de aeronaves en la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, representante de España en el Consejo ejecutivo de la Agencia Europea de Seguridad y miembro del consejo de varias empresas públicas.

Miembro fundador y hasta ahora de la junta directiva de la Sociedad Aeronáutica Española y, por encima de todo, un gran amigo de todos nosotros.

Resulta muy difícil escribir a las pocas horas de su despedida esta nota cuando aún tengo caliente en mi teléfono móvil, el “telefonino” como le llamaba él, nuestra reciente conversación en la que me explicaba con su proverbial conocimiento de medicina la nueva dificultad respiratoria que le aquejaba desde agosto. Hacíamos planes para cuando hubiese superado la última afección pulmonar que incluían como relanzar los trabajos de la SAE y comentábamos los pasos que iba a dar para cerrar algún fleco de cuando su época al frente de la subdirección de control del transporte aéreo.


Trágicamente el pasado martes se nos iba dejándonos un profundo vacío y una huella imborrable.
Luis era de Cenicientos, el ultimo pueblo de la provincia de Madrid como él siempre acostumbraba a apostillar sobre su lugar de nacimiento. Luis era el relator más excelso de los hechos y “sucedidos” de sus personajes populares que hubiesen merecido un lugar destacado en algún relato sobre realismo mágico o una película cómica de Berlanga. Disfrutábamos con las mil anécdotas que le venían a la cabeza en cada reunión; como la del paisano que decía que en el camino de entrada al pueblo había visto un extraterrestre y lo describía, poniendo para ello Luis la voz adecuada, “que no era ni persona ni borrico”, o la del viejo borrachín que para dar un susto a la familia por las regañinas tiró la boina al pozo y se fue a dormir al pajar.


A finales de la década de los 90 del siglo pasado Luis y yo éramos los titulares de dos subdirecciones generales en la Dirección General de Aviación Civil, recayendo en su unidad la altísima responsabilidad administrativa del control de la seguridad operacional de la aviación civil en España. Su dedicación al trabajo me cuesta no definirla como un enamoramiento pues desde el principio se entregó a su desempeño en cuerpo y alma con el apasionamiento que le caracterizaba y que transmitía a los suyos con una energía que parecía imposible proviniendo de un cuerpo tan liviano.


Eran aquellos unos tiempos complicados por el crecimiento acelerado de la aviación civil desde la creación en 1993 del Mercado Único del transporte aéreo. Desarrollo que alcanzó así mismo a otras actividades aéreas como los trabajos aéreos, las escuelas de aviación, la construcción y mantenimiento de aeronaves, la formación de pilotos y controladores, etcétera. Numerosas compañías aéreas y pilotos de aquellos años llevan su firma en licencias y certificados técnicos.


Durante estos años se produjeron fuertes tensiones en el sector aéreo, hubo que tomar serias medidas para mantener la seguridad en alguna empresa de transporte y fuertes conflictos laborales con los colectivos más destacados del sector. Luis fue en numerosas ocasiones el escudo con el que el ministerio hizo frente a reivindicaciones desproporcionadas que venían a significar el control de empresas y entidades por esos colectivos.


La creación de la EASA en el año 2003 supuso un salto de calidad y cantidad en los estándares de la seguridad operacional en Europa. Luis representó a nuestro país en el Consejo Ejecutivo participando con sus amplios conocimientos técnicos y experiencia en la elaboración de normas y reglamentos básicos, de aplicación a escala europea.


Finalmente, allá por 2010 y junto con un grupo de compañeros lanzó la Sociedad Aeronáutica Española con el objetivo de trasladar a la sociedad civil si quiera una parte del amor que el mismo y el grupo fundador sentía por la aviación.


La personalidad de Luis se hacía notar inmediatamente por su simpatía, ingenio, vitalidad y la cantidad de actividades que le apasionaban, desde el futbol y su Madrid, los toros, la calidad del vino en la mesa, una buena partida de mus o un buen libro y por supuesto los amigos. En una conversación cualquier tema podía ser objeto de atención entreverado con algún “sucedido” de su pueblo que venía a cuento del asunto en discusión.


No puedo terminar sin citar a sus apoyos esenciales que ha sido su familia, y en particular su mujer Paquita, dedicada en cuerpo y alma a Luis su nieto Hugo que le alegraba la cara con solo pronunciar el nombre y su hijo, Pablo, brillante ingeniero aeronáutico, orgullo paterno no solo por su capacidad intelectual sino por el amor, atención y desvelos que le dedicó desde que cayó enfermo y que no dejaba de alabarme siempre que hablábamos.


Luis, te vas, pero nos has dejado un recuerdo imborrable, una personalidad irrepetible, un hueco que perdurara en todos porque seres como tú no pasan por esta vida dejando indiferentes a las personas a las que te acercas.

Algunas personas jamás nos dejan, nunca se van por completo, aunque ya no estén.
Su esencia queda, su voz se escucha, las vemos sonreír.
Algunas personas jamás nos dejan … ¡son eternas !

3 de octubre de 2024