El irrenunciable deseo de volar

De cómo la imaginación y la realidad se confunden cuando de volar se trata.

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Sea como sea, una metáfora o la realidad, lo cierto es que volar es un anhelo, un deseo, una necesidad …..

Si sueño dormido, la mayoría de las veces estoy en algún lugar lejano al que he llegado volando. Si sueño despierto, se trata de una evasión que sólo mirando al cielo puedo saciar.

Mi primeros dibujos fueron nubes en medio de un enorme cielo, y el resto del mundo quedaba relegado a una palmera en una esquina y, eso si, aves de grandes alas  que trataban de adueñarse del escenario, a las que de vez en cuando intimidaba con un radiante sol medio escondido en el horizonte.

Pasó luego un tiempo en el que prefería volar con la mente, e imaginar que construía cosas, cuya dificultad se encargaba de resolver el espacio etéreo. De hecho, para mi los aviones vivían en el espacio, trazando largas líneas blancas que a veces se convertían en nubes. Me recuerdo a mí mismo alucinado. Por cierto, también recuerdo aquel cielo más azul que el de ahora.

Y por fin, mi padre me llevó al viejo Barajas. Nunca he sabido si lo hizo por mí o si fue porque a él le encantaban los aviones. En cualquier caso, fue un flechazo. Me quedé enganchado para siempre a aquellas ruidosas máquinas metálicas que retaban a las leyes más elementales de la naturaleza.

Esa asociación de sueño y reto fue definitiva. Me descubrí a mí mismo como un chaval rebelde, inconformista, deseoso de volar ….. en libertad. Nunca más volví a estudiar algo que no fuera por el expreso deseo de saber, resolver, responder, averiguar, inventar, …..

Mi madre anhelaba que yo fuera arquitecto, supongo que por algún mito del pasado. Mi padre se sentía atraído por la idea de tener un hijo médico. Supongo que otro mito de la postguerra. Al final fui lo que siempre quise ser.

Podría haber sido arquitecto, médico o dependiente de una tienda de ultramarinos en un pueblecito costero, pero mi cabeza, mi corazón y mi alma siempre habrían volado, alto y lejos. Como sigo volando hoy, impulsado por nuevos retos, alimentados por los sueños que me han acompañado toda mi vida. Se trata del irrenunciable deseo de volar.

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